3 secretos de branding de Mad Men

Posicionar un mensaje, se trate de una persona o marca no es tarea fácil. Pese a su foco en marketing y publicidad, la aclamada serie televisiva tiene también algunas premisas fundamentales que pueden ayudarte a construir y apalancar esa idea o concepto que estabas buscando.
De Karla Sofìa Pacheco
3 secretos de branding de Mad Men

Emitida entre 2007 y 2015, la serie Mad Men se ha convertido en un referente de la cultura pop del siglo XXI. Ambientada en la década de 1960, la trama gira alrededor de Don Draper, publicista neoyorkino que dirige el departamento creativo en la agencia Sterling Cooper, al tiempo que lidia con los cambios histórico-sociales que acontecieron en los Estados Unidos, su cambiante dinámica familiar y la relación con clientes y compañeros de trabajo en un medio que la televisión transformó para siempre.

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El legado de Mad Men, más allá de sus 130 premios, nos deja una visión diferente del mundo del marketing y la publicidad, al grado de que según el Bureau of Labour Statistics los empleos relacionados con este sector reportaron un crecimiento anual promedio del 10% entre 2016 y 2016, es decir, pasando de 249,600 a 273,400 trabajadores del nicho en un lapso de 10 años, tan solo en los Estados Unidos.

Sin embargo, los temas que tocan en la narrativa superan la injerencia de las áreas creativas o de ventas en publicidad, además de las recurrentes problemáticas humanas que se abordaban, las lecciones que dejó aplican en múltiples aspectos de nuestras vidas, especialmente en un rubro: como vender.

Y es que esta tarea no es exclusiva de los especialistas comerciales. Cuando vamos a una entrevista de trabajo, solicitamos un ascenso, presentamos un proyecto o conocemos a alguien en Tinder se está creando una propuesta de venta, donde tratamos de enfatizar nuestras cualidades y habilidades en favor de una percepción ideal: conseguir ese puesto, ese aumento, tener luz verde en una iniciativa o conocer al amor de tu vida, todos esos momentos importantes conllevan imperceptiblemente una labor de negociación.

Tomar consciencia de la presencia constante de las transacciones en nuestro día a día es el primer paso para volvernos mejores vendedores, ya sea como profesión o en nuestras interacciones sociales, sin embargo existen también tres claves que Mad Men nos enseñó para hacer de estos procesos algo más sencillo y eficiente.

1. Tú eres el producto

Tanto personas como empresas necesitan entender que ellos, como individuos o sus empresas como conceptos, son un producto. La forma en que se presentan, sus características, lo que dicen y lo que hacen son factores que los demás perciben de una manera determinada, generando juicios favorecedores o contraproducentes para lograr tus objetivos.

Es importante definir qué quieres lograr y, de acuerdo a eso, construir como quieres ser visto. Por ejemplo, un médico que busca ingresar a la especialidad en neurología debe resaltar las habilidades que lo hacen adecuado para la posición, enlistar los cursos y talleres que ha tomado relacionados con el tema, así como consolidar ejemplos y razones que lo han orientado hacia esa rama.

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Buscar los elementos que te distinguen entre los demás te hace más atractivo en función de lo que el otro quiere de ti y, por ende, puede acercarte a alcanzar el objetivo que te estás planteando, ya que apareces como apto frente a la persona que toma la decisión.

Es, al final del día, un ejercicio de negociación. No todos podemos ser todólogos, pero si podemos ser multidisciplinarios o contar con diferentes intereses que, en general podrían parecer irrelevantes, sin embargo al estructurar desde el discurso mismo esos diferenciadores y proponerlos como activos o recursos a favor de un proyecto pueden hacer más probable que “te compren”.

2. Si no te gusta lo que dicen, cambia la conversación

Del mismo modo, no siempre podemos tener control de lo que se piensa de nosotros. Algún error o percepción negativa puede afectar las posibilidades de llegar al objetivo, la clave está en reconfigurar esos rasgos en elementos favorables o incluso intentar abordar otras características que replantean tu valor.

Por ejemplo, una prenda de ropa que en otro contexto podría resultar sumamente costosa pese a que posee las mismas características de un modelo similar en otra marca. La percepción del público no es que sea impagable, sino que se entiende como un producto de lujo y la exclusividad se convierte en un factor a favor, haciéndolo más atractivo y hasta aspiracional.

Otro ángulo puede ser que las características de la prenda sean diferentes, sirviendo como justificante del precio. Es decir, es más caro porque te permite hacer más, dura más o simplemente es más bonito.

Los mismos principios pueden aplicarse a las personas y a las empresas, no solo como elementos individuales sino como conceptos en general. La cuestión no está en que algo sea malo irrevocablemente, sino que ese algo que para cierto público podría resultar negativo es un beneficio para otros. Se trata, en gran medida, de convertir las debilidades en fortalezas.

3. El cambio no es bueno ni malo

Partiendo del “renovarse o morir”, es indudable que todas las esferas de nuestra sociedad están en constante transformación.

Así como recontextualizando características puede potencializarse su valor, es importante no tener miedo a desprenderse de ideas, actitudes o acciones que antes podrían parecer inherentes al concepto original.

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La revolución de un mercado no implica la muerte de sus jugadores, si estos saben cómo adaptarse al cambio. Por ejemplo, la llegada de tecnologías digitales fue una sentencia para el imperio fotográfico de Kodak, mientras que para Netflix implicó un despunte inigualable en el mundo del entretenimiento, pese a que ambos trabajaban con el mismo sustento físico.

Mantenerse actualizado, saber reaccionar y sobreponerse a la adversidad también son habilidades y muy valiosas, blandirlas en cualquier circunstancia apoya una percepción de versatilidad que te permitirá llegar a más mercados, más proyectos y, al final del día, ir más lejos en lo que te propongas.

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This article was written by:

Vicente de Paul Benites Fuentes

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